La semana política terminó con una frustrada sesión extraordinaria de la Junta Departamental, en la cual el Partido Nacional pretendía considerar el tema Satenil S.A. El Frente Amplio demostró cultura de gobierno al mantener un acuerdo interno consistente en diferir el tratamiento de este asunto por un plazo de quince días; esta estrategia fue la que terminó impidiendo la consideración de la polémica cuestión en la fecha que pretendía la colectividad nacionalista.
Así planteadas las cosas el Partido Nacional igualmente mostró sus cartas en un duro informe que entre otros pronunciamientos reclama la anunciada rescisión del contrato con Satenil S.A.
Está claro que el sector del Intendente intentará minimizar ese informe y a su vez plantear nuevos antagonismos en las próximas semanas. Cuenta con la ventaja de jugar con las cartas vistas y de que en el acelerado mundo político vernáculo dos semanas es una eternidad y lo que hoy es noticia mañana no lo será.
Por su parte, los sectores que responden en lo departamental al Diputado Darío Pérez ya habían pegado primero al anunciar hace algunas semanas que el discutido contrato debía caer; ahora, tal como están plantadas las piezas en el tablero, asumirán un nuevo protagonismo. De la postura que adopte el diputado orejano dependerá que la Junta Departamental apruebe una moción dura y radical o que en definitiva termine pronunciándose en forma asordinada en contra del contrato de Satenil S.A.
La mesa entonces ha quedado servida para este sector, solo falta que se sienten los comensales. Habrá que ver quienes son los invitados.
Nadie puede dudar que el Ejecutivo cometió un grave error político con este contrato y ello sin ingresar en las consideraciones legales; ahora bien, el Intendente ha demostrado que no va a torcer el camino que impuso a su gobierno. Si bien es malo no reconocer y rectificar errores, también sería malo gobernar eternamente a la deriva. Los equilibrios son siempre difíciles de encontrar en el delicado arte de gobernar. Lo cierto es que no hay que ser adivino para vislumbrar que una rescisión del contrato con Satenil es una quimera, por lo menos antes de la próxima temporada estival.
También queda claro que los reiterados anuncios en torno al tema Satenil le van quitando vigor a las medidas que finalmente se van traduciendo en hechos, ya sea políticos o de gobierno; recomendaciones que en otros escenarios podrían parecer de extrema gravedad y dureza se convierten en episodios de una guerra sin fin. Es que resulta muy difícil administrar los mecanismos de contralor previstos en la Constitución y el abuso de los mismos –ahora y en el pasado - puede llevar a disminuir el impacto de decisiones verdaderamente trascendentes desde el punto de vista institucional. También es real que el asunto Satenil ha impactado negativamente en el oficialismo y en la interna del partido de gobierno.
En el Departamento de Maldonado aún no se han acallado los ruidos del combate electoral; por ello seguirán sonando las acusaciones recíprocas en una campaña incesante. El maniqueísmo está entre nosotros, en una guerra santa de buenos contra malos y donde el futuro ya llegó.
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